Después de hacer el amor, Basilio se sentó en el bidé. Mientras se lavaba, observó con sorpresa que podía desenroscarse la polla. Como una bombilla.
- Mira, cariño, qué limpita va a quedar.
La lavó, la secaron cuidadosamente con una toalla, ella incluso le puso crema hidratante.
Nunca pudieron volver a enroscarla.